Cómo elegir tu idea de negocio y no perder años en el intento
Cómo elegir tu idea de negocio y no perder años en el intento
Marco Fernández
Agosto 2026
Entre mis 25 y 35 años fui el típico alocado jovenzuelo inexperto que abrió "muchos" negocios. He tenido casa de cambio, joyería, escuela de conducir, negocio de hamburguesas, he brindado clases de matemáticas, asesorías, he vendido perfumes, muebles de melamina, servicios de construcción, tuve un club de ajedrez, una academia de fútbol y ya ni recuerdo cuántos más.
Algunos vieron algo de luz; otros, ninguna.
Por eso entiendo perfectamente esa frase que dice que 9 de cada 10 empresas no sobreviven. Yo he participado activamente en esa estadística. ¡Ja, ja!
Hoy, a mis 40 años, ya no me da vergüenza decirlo públicamente porque he entendido que simplemente estaba buscando mi sitio y que no tuve la "suerte" de encontrarlo rápidamente.
Debido a todo ello, hoy quiero comentarte algunas cosas sobre cómo elegir un negocio. Quizás pueda ahorrarte diez años de vida. Voy a escribir lo que me hubiera gustado leer cuando recién empecé.
"Hoy a mis 40 años ya no me da vergüenza decirlo..."
Si es que ya abriste un negocio y no funcionó, este artículo también es para ti
Si ya has abierto algunos negocios, definitivamente conoces esa sensación de decir: "Hoy abrí mi primer negocio".
Si te está yendo muy bien, probablemente este no sea tu artículo.
Pero si te fue mal, entonces sí.
Todos los negocios abren sus puertas con mucha alegría y grandes expectativas que, lamentablemente, muchas veces duran poco.
En los primeros doce meses ocurre algo muy interesante: recién ves la realidad en la cancha. Empiezas a darte cuenta de que tal vez hubieras podido hacer muchas cosas mejor. Y como casi siempre sucede, buscas responsables: el capital, la familia, la competencia, los trabajadores o hasta el cliente.
Pero aquí tengo que decirte algo duro, algo que incluso a mí me costó aceptar.
En un 90 % de probabilidad, el problema eres tú.
Y no lo digo para desanimarte. Lo digo porque cuando entiendes eso, recuperas el control de tu futuro.
Los grandes errores que cometí y que no quiero que tú cometas fueron los siguientes.
El primer gran error: no empezar por las ventas
He aprendido que muchas personas, incluido yo hace algunos años, no empiezan un negocio por las ventas. Empiezan por otros lados: la administración, la página web, el logo, las redes sociales, la oficina, los muebles...
Con la experiencia que tengo hoy, creo que ese es un error.
Lo primero que yo recomendaría es empezar por las ventas, haciéndote dos preguntas básicas:
• ¿Quién es tu cliente?
• ¿Qué solución mejor le vas a brindar?
Créeme, responder correctamente estas dos preguntas me habría resuelto muchísimos problemas y me habría ahorrado varios años.
¿Por qué estas preguntas son tan importantes?
Cuando estudiaba Administración ya había escuchado que debía hacerme preguntas sobre el cliente y la solución que iba a ofrecer. Sin embargo, no les di la importancia que realmente tenían porque simplemente no entendía la magnitud de su impacto.
La pregunta ¿Quién es tu cliente? sirve para que aprendas cuáles son los patrones que agrupan a tus clientes. En otras palabras, sirve para descubrir qué les gusta a todos ellos o, al menos, a la gran mayoría.
¿Eso es posible?
Yo diría que sí, siempre que tengas una buena segmentación.
Una segmentación consiste en definir características específicas de tu cliente; por ejemplo: hombres entre 20 y 22 años que viven en determinada zona y tienen determinados intereses.
Si llegas a conocer realmente lo que le gusta a tu cliente, muchas de las decisiones que tomes tendrán muchas más probabilidades de éxito.
Lamentablemente, conocer a profundidad al cliente no es tan sencillo como parece. Pero los empresarios exitosos sí lo hacen.
La segunda pregunta es:
¿Qué solución mejor le vas a brindar?
Esta pregunta sirve para analizar lo que realmente vas a ofrecer.
Es una prueba constante hacia ti mismo.
Muchas veces tendrás que modificar tu idea inicial porque descubrirás que aquello que tú querías ofrecer no necesariamente es lo que el cliente necesita.
Nunca olvides esto:
El cliente es quien paga. El cliente manda.
Puedes fabricar la mejor escultura del mundo y ganar todos los premios, pero si nadie está dispuesto a pagar por ella, ese producto simplemente no funciona como negocio.
El segundo gran error: no conocerte a ti mismo
No importa si vas a vender comida, ropa, servicios profesionales o productos digitales. Todo negocio necesita conocer sus números ¿la formalización ayuda o no ayuda?
Sinceramente, desde mi experiencia, la formalización sí ayuda, pero cuesta, y ese costo, al inicio parece inaceptable para un microempresario, al menos para mí se ve así.
Tienes que sacar tus cuentas y ver si formalizarte te va a sumar o no, porque seamos honestos, en Perú, hay mucha informalidad porque muchos empresarios pequeños no ven al Estado como alguien que los ayuda sino todo lo contrario. A eso hay que sumar los gastos extras como tener un contador, pagar algunos sistemas, etc. Así que saca tu cuenta y determina si te va a servir o no.
Aprende a mejorar con cada cliente
Para ayudarte a evitar este error quiero compartir contigo una herramienta que descubrí muchos años después.
Se llama IKIGAI.
Es un concepto japonés que significa la razón de vivir o la razón para levantarse cada mañana.
El IKIGAI propone encontrar esa razón uniendo cuatro aspectos fundamentales:
• Lo que amas.
• En lo que eres bueno.
• Lo que el mundo necesita.
• Por lo que las personas están dispuestas a pagarte.
Si haces este ejercicio con honestidad, podrás acercarte a una actividad que realmente disfrutes y que te dé fuerzas para superar todos los obstáculos que inevitablemente aparecerán cuando emprendas.
El tercer gran error: no tener el valor de dedicarme a lo que realmente me gustaba
Siempre he tenido un gusto muy particular por las matemáticas, resolver problemas y aprender cosas nuevas.
Con el tiempo entendí que todo eso estaba muy relacionado con enseñar.
Lo lógico habría sido dedicarme a enseñar o construir una empresa relacionada con la educación.
Sin embargo, mientras estudiaba Física Pura en la Universidad Nacional Federico Villarreal, tuve la oportunidad de trabajar, a los 21 años, como profesor en una importante cadena de colegios del país que hasta ahora existe.
Lamentablemente, aquella experiencia no fue buena y terminé alejándome de la idea que, probablemente, era la más natural para mí según mi propio IKIGAI.
Ese error lo pagaría caro.
Por eso quiero decirte algo muy simple.
Sea cual sea el resultado que obtengas cuando hagas tu ejercicio de IKIGAI, no lo subestimes.
Si realmente sientes que ese es tu camino, atrévete.
Con el paso de los años probablemente lo agradecerás.
El cuarto gran error: analizar las ideas de negocio solo por el dinero
Este es un error muy común.
Y, siendo sinceros, también es bastante natural.
Después de todo, una empresa existe para generar dinero.
Sin embargo, hoy pienso diferente.
Me hubiera gustado saber, cuando abrí mi primer negocio, que cuando te dedicas a aquello que realmente te apasiona y estás dispuesto a persistir incluso cuando las cosas salen mal, el dinero termina llegando como consecuencia del valor que generas.
Nunca abras un negocio únicamente por el dinero, a menos que seas un inversionista de alto calibre.
Y, aun así, la mayoría de inversionistas exitosos busca personas comprometidas con aquello que hacen, personas que difícilmente abandonarán el proyecto porque creen profundamente en él.
Si solo pudiera darte cuatro consejos
Con base en todo lo que he vivido, estos serían mis consejos.
Empieza tu negocio por las ventas. Ten claro quién es tu cliente y por qué tu solución es mejor que la que actualmente tiene.
Conócete a ti mismo. Descubrir tu IKIGAI es una excelente forma de empezar. Aprende a ir al psicólogo, conversa con alguien que pueda ayudarte a descubrir tus puntos ciegos. Créeme, eso solo es la punta del iceberg y lo entenderás conforme avances.
Ten el valor de ser quien realmente quieres ser. No desperdicies tu vida intentando convertirte en una versión de quienes te rodean ni en lo que la sociedad espera de ti. Si no le haces daño a nadie ni a ti mismo, no hay nada que deba detenerte.
No sigas únicamente el dinero. Sigue tus principios. Busca un negocio que te haga sentir que estás haciendo algo importante. Eso se llama realización, y es una de las grandes diferencias entre quienes llegan a los 60 años satisfechos con su vida y quienes sienten que simplemente dejaron pasar el tiempo.
Reflexión final
Si hoy pudiera volver a mis 25 años, no buscaría la idea de negocio perfecta.
Buscaría conocer mejor a mis clientes.
Buscaría conocerme mejor a mí mismo.
Y tendría el valor de dedicarme, desde mucho antes, a aquello que realmente me hacía feliz.
Con el tiempo entendí que elegir un negocio no consiste únicamente en decidir cómo vas a ganar dinero.
En realidad, también estás eligiendo la vida que quieres construir.
""Elegir un negocio no es elegir cómo vas a ganar dinero. Es elegir la vida que vas a construir.""